¡Hola, fans de las historias de amor! Cada que recibo una de sus historias, me pongo de pie y doy un #AplausoParaElAmor, porque todas me emocionan y me llenan de alegría.
A veces el amor no ocurre cuando lo esperamos, necesita pausas, caminos separados. Pero si está destinado a ser, encontrará su verdadero rumbo. La historia que leeremos a continuación es sobre una pareja a la que el destino dio una segunda oportunidad para reencontrarse y vivir el amor que no pudieron siendo jóvenes.
Esta es la historia de Alejandra, ¿la leemos juntas?

La historia de Alejandra
Nuestra historia comienza hace 12 años, cuando lo conocí. En ese momento yo tenía una pareja que no me trataba bien, y él acababa de entrar a la universidad. Él estudiaba en la mañana Mercadotecnia, y yo estudiaba en la tarde. Nos llegamos a ver de lejos dos o tres ocasiones y hubo algo especial. Sin embargo, el horario, los días y el tiempo no era el adecuado y no podíamos conocernos.
Un día su equipo tuvo la tarea de crear una marca de mercadotecnia en la cual tenían que crear el logo y el producto, el cual fue un pingüino llamado «Chipicream». Aún lo recuerdo… Justo ese día y en esa hora coincidimos en que yo me encontraba en el salón de al lado, y ya me iba cuando él se me acercó para ofrecerme entrar a ver la demostración.
Así que entré y desde ese día solo recuerdo lo bien que me sentí. Fue un sentimiento que jamás había conocido. Algo como familia, paz, amor.
Mi novio era muy codiciado por las mujeres y por ese motivo me asusté. Me mantuve al margen, pero al día siguiente apareció atrás de mí tocando mi hombro y me invitó a seguir pasando los días con él, en el patio, en los pocos minutos que podíamos vernos entre su salida de la escuela y mi entrada. Fue así que nos hicimos amigos. Y pasaron los días, unos días muy lindos con él. Pero por primera vez entendí que cuando el destino o el momento no es el adecuado es un rotundo NO.
Mi mamá sufrió de cáncer. Sus papás se divorciaron. Hubo temor, sufrimiento, y una graduación, la cual fue una despedida ya que jamás nos volvimos a ver. No pudimos ni decirnos adiós ni por teléfono.

Pasaron muchas cosas y muchos años. Cinco años. Y al fin, cuando sentí que tenía luz en mi vida, un suspiro, decido abrir mis redes sociales. Y sí… Ahí estaba él. Siempre estuvo ahí.
Al día que entré a redes, él me escribe y me manda un mensaje diciéndome que hay que vernos. Yo moría de los nervios. Lo único que quería era verlo, darle un abrazo, saber cómo estaba. Ese día estuve súper tímida, parecía niña chiquita. Y él estaba nervioso, sin embargo, algo hacía que nos tuviéramos confianza y un entendimiento muy especial.
Después de ese día, de esa semana, de los meses que le siguieron y los años que decidimos pasar juntos, se cumplió el «para toda la vida». Y después de cinco años de no vernos, de no hablarnos,de no escribirnos, pudimos completar nuestra historia, y ahora tenemos siete felices años de noviazgo.
Me pidió casarnos cuando vio que ya no podía pasar su vida sin mí. Lo acepté cuando me dí cuenta que mi familia era él. Lo amo y me ama.
Sé que hay muchas historias que contar, sé que hay parejas que piensan que todo es color de rosa. Pero él y yo descubrimos que ni la distancia ni el tiempo ni donde vivas importa cuando estás destinado a vivir con esa persona, y estar para él o para ella. Puedo decir que al final del camino voy a tener a mi mejor amigo conmigo y que pase lo que pase él me cuidará, apoyará y cometerá tantos errores como yo. Pero ahí estaremos el uno para el otro.
Y vaya, seguimos contando nuestra historia, ya que no acaba hasta el final de los días. Y aún así, desde otro lado tengo fe en que no te desprendes de tu ser amado, menos de tu pareja.

Esta historia es un recordatorio de que el amor verdadero siempre encuentra su camino, incluso después de años y vicisitudes de la vida. Lo que está destinado a ser, será. ¡Les deseamos la mayor felicidad!
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