¡Hola de nuevo, fans del romance y las historias de amor! Estoy muy contenta de poder seguir dando #UnAplausoParaElAmor junto con ustedes. Y de poder ser partícipe de su amor gracias a que me comparten sus historias. ¡Porque ningún romance es igual!
El amor se mueve a su propio ritmo, y a veces no importa el tiempo que llevemos conociendo a una persona, es el tiempo quien decide cuándo es el momento perfecto para surgir ese sentimiento anhelado. Hoy celebramos a las historias donde el amor ha sabido esperar, crecer y fortalecerse.
Esta es la historia de Alma Montserrat, una donde, el hilo rojo del destino supo el momento perfecto para unir a dos personas que descubrieron que el amor espera el instante preciso para florecer. ¿La leemos juntas?

La historia de Montserrat
Estábamos en la misma universidad estudiando, ella trabajando y estudiando. Debía conocerla en persona y hacerle saber que existía. Cuando por fin me hice presente (ja si cree que es el típico momento feliz). Me arreglé lo mejor que pude (iba a ver a mi Dulcinea), me paré atrás de la puerta, observé el panorama, y ahí estaba, trabajando concentrada (como armando una bomba).
2006. Eventos significativos. A título personal, conocerla, ni imaginar casarnos (y dos veces). Me enamoré, no por verla sino por su plática, compañía virtual y horas en la computadora (msn cumplió su función). Platicábamos horas, casi en el mismo lugar y hora, tristes y largos días sin verla en línea. Puso una foto de perfil que hasta la fecha me encanta (solo vive en mi memoria). Al mirarla por primera vez causó reacción. Todo se iluminó al observar su rostro, sonrisa y ojos: divina mujer.
Casi tuve que carraspear para que supiera de mi presencia. Alzó los ojos, me miró y nada sucedió. No hizo señal alguna, ni emoción ni nada, y yo con cara del que escucha la canción de «Cien años», y nada sucedió más que guardar ganas e ímpetu y olvidar a la mujer con la que Cupido me había flechado y a ella no.
Hablábamos por MSN y la misma reacción me provocaba. A «los tiempos de Dios son perfectos» le agregaría que «se van tejiendo con el hilo rojo del destino», el cual se fue tejiendo lentamente. Y en enero del 2020, un poco de hilo y de magia hindú logró que después de tantos intentos de querer ser novios consolidó esa amistad (por mi parte ya no quería una amistad).
Cambió el significado de esa amistad a flirteo el 19 de enero. Fui por ella al aeropuerto de la CDMX (interviniendo el destino o Dios). Yo había decidido no ir, sin embargo, escuché una voz que me decía «si no vas por ella la vas a perder para siempre» (usted adivinó: fui por ella). Al llegar, entre nervios y prisa me percaté de que no llevaba ni un chicle de bienvenida. ¿Qué comprarle que fuera original, accesible y sellara el momento?
Rumbo a la sala de llegada encontré un globo que decía: «Bienvenido a la Ciudad de México». Era perfecto. Y cuando lo iba a pagar… ash, decía «Mexicana de Aviación». Seguí buscando y apareció el globo perfecto: un emoji lanzando un beso. Pagué, recorrí los pasillos, y ahí estaba, vestida de negro, con mil maletas, despeinada (amo cómo se ve).

No sé si corrí o caminé lento. Le extendí el globo y con una voz (seguramente torpe y boba) dije: «Bienvenida a la Ciudad de México» (no fue el momento romántico que usted cree). Ella agarró el globo, me lo dio y corrió al baño, con 15 horas de vuelo, ¿qué más? Una vez que hizo lo que tenía que hacer dijo: «¿repetimos el momento?»
No fue lo mismo, pero después de tanto estábamos de frente, sin prisas y con un manojo de nervios por verla y cuidar su equipaje, y una botella de Absolut de la India. La llevé a casa y fue todo.
Siguieron pláticas y charlas ahora por Whatsapp, y pintas y escapadas de la universidad (donde doy clases actualmente), cafés nocturnos, sabores de amistad y coqueteo, e irnos conociendo más en persona. Y recordar que asistimos un año antes a la boda de unos amigos de ella, ¡y qué boda! Fue demasiado significativo.
Se veía radiante con ese vestido, peinado, arreglo, y yo sintiéndome tonto, no sabía qué hacer (una vez más). Moría por tomar su mano (sin saber que ella deseaba lo mismo). Moría por tomar su mano pero sabía que si lo hacía jamás la dejaría ir (ella no quería que la dejara ir). Estuvimos a gusto, contentos y nada pasó (qué historia más aburrida, por Dios, jajaja). Ella moría por bailar, yo por tomarla de la mano y besarla… ¡Y no hice nada!
El beso llegó una noche después de un largo paseo en Coyoacán, abajo de su casa en el coche. Se escucharon fuegos artificiales, el cielo se iluminó y la música cursi sonó pero tardé más tiempo en escribir lo anterior que en lo que duró el beso. Un beso se lo das a cualquiera, pero un beso de amor no. Y con Montserrat fue un beso de amor corto, ligeramente húmedo. Fue un beso que esperé demasiado. Para ella es el beso más lindo que recuerda cada día. Desde ese 7 de febrero será especial.

En lo que la pandemia cobraba fuerza nos seguimos viendo y platicando (una vez más virtualmente), intercambiando vidas, extrañándonos. Llegó la idea de casarme «con el amor de mi vida» y buscar anillos de promesa. Fue entregado el 12 de julio de la manera más común y corriente. Yo todo lleno de pintura y polvo (no esperaba la visita).
Como no me había gustado cómo se lo di (con el objetivo de promesa y de medir su dedo), apareció el anillo de compromiso: oro rosa con un diamante modesto, forjado con base en amor y trabajo (una noche en el Ministerio Público). Se entregó en septiembre, entre vino, letras y café (ya habíamos decidido casarnos, esta apartada la Hacienda de Compostela).
Llegó el día de la boda y por fin el hilo rojo no solo se había unido sino se había hecho nudo y nos había unido con el ¡vivieron felices por siempre! (Jajaja se equivocó nuevamente lector).Narrar la vida de casados y su serie de eventos sería aparte de aburrirlo entrar en detalles no tan necesarios de invocar,solo se mencionará que ese “hilo rojo” se estiró demasiado al grado de divorciamos.
Dice la leyenda que «el hilo rojo puede estirarse, contraerse, más nunca romperse. Dios nos volvió a unir (por una canción: «Querido Tommy»). Le escribí pidiendo el título de la canción porque la quería escuchar porque me la recordaba. Ella, pidiendo a Dios que tanto amor no quedara así y le ayudara con algo que pudiera volver a unirnos.Y nos vimos, platicamos, limpiamos el hilo rojo y lo volvimos a unir con nudos. Y nuevamente nos casamos y renovamos votos en Hacienda Compostela.
Hoy nos ponemos los anillos diario antes de salir de casa. Y estoy seguro que renovamos votos día con día teniendo como objetivo el hacer valer un «los tiempos de dios son tan perfectos que se van tejiendo con un hilo, un hilo rojo que puede pasarle de todo, menos romperse».

Las historias como esta nos recuerdan que no importa cuánto tiempo pase, cuando el amor es verdadero, siempre encuentra su camino. ¡Les deseamos toda la felicidad en esta nueva oportunidad que les da el amor!
Y recuerda, si tienes una mesa de regalos en Sears, tú también puedes compartir tu historia de boda y participar para ganar un monedero de $25,000 MXN. ¡No pierdas esta oportunidad y únete a #AplausoParaElAmor!

