¡Hola apasionadas de las historias de amor! Estamos a unos meses de terminar nuestro concurso. A mí me emociona que sigan llegando sus historias de amor, ¡todas hacen latir emocionado mi corazón! Y es que en #AplausoParaElAmor, celebramos también a las historias que nos recuerdan que, a veces, el amor más profundo nace de una gran amistad.
Hoy comparto contigo una bella historia de dos personas que encontraron en su compañero de la escuela a quien sería el compañero de su vida entera. Es un amor que floreció entre risas, complicidad y el cariño que crece día con día. Sin darse cuenta, entre ellos había más que una amistad.

Acompáñame a juntos conocer la historia de amor de Gloria.
La historia de Gloria y Víctor
La amistad que nos unió.
Mi nombre es Gloria y quiero compartir contigo la historia de Víctor, un amigo que se convirtió en el amor de mi vida. Nos conocimos en la universidad, en aquel primer semestre que marcó el inicio de un vínculo que, aunque lo ignorábamos en ese momento, estaba destinado a florecer.
Recuerdo las largas noches de estudio. Disfrutábamos de salidas al cine y al bar. Y cómo nos ayudábamos mutuamente con los proyectos de la universidad. La complicidad que se formó entre nosotros era palpable, aunque nuestras amistades bromeaban al insinuar que había algo más.
Yo, con la inocencia de quien sólo ve lo claro, siempre creí que solo éramos amigos. Sin embargo, un día me armé de valor y le pregunté directamente si tenía sentimientos por mí. Su respuesta fue clara: «No. Me gusta fulanita», mencionando a otra chica.
Al finalizar la carrera, nuestras vidas nos llevaron a inscribirnos en un curso de cocina para personas con diabetes. Nuestra amistad continuaba y volvimos a disfrutar las salidas que teníamos anteriormente. Luego, el destino, en su incesante juego, nos reunió de nuevo en la maestría. Compartimos las aulas, y a menudo las mismas bancas, algunas veces se enojaba porque yo solía sentarme en otro lugar.El maestro nos regañaba por nuestras charlas. A pesar de ser tan distintos, nuestros caminos se cruzaban una y otra vez.
Después de la maestría, continuamos en contacto. Y pregunté varias veces a Víctor por su enamorada, nunca obtuve respuesta clara, se mostraba evasivo y dejamos de hablarnos por un tiempo.
Todo cambió un día en el consultorio donde compartíamos junto con otros compañeros. Cuando una compañera me dijo que había un ramo de flores para mí en el consultorio. Incrédula, llegué y vi un hermoso ramo de rosas rojas, blancas y fucsias, con un letrero que decía: «Tú eres la que siempre me ha gustado», pero no tenía remitente. Deduje que era de alguien que conocía mis gustos y más tarde me confirmó una amiga en común que Víctor las había enviado.Al día siguiente le agradecí y le sugerí que deberíamos hablar. Él me propuso salir el sábado a las 8:00 pm para ir a tomar un café.

El día llegó y estaba nerviosa. Durante nuestra primera cita pedimos café y un pay de queso. Mientras él hablaba de su trabajo, yo me resistía a comer el pay, porque portaba un mensaje secreto. Finalmente, me preguntó si quería un poco y al voltear el letrero, leí: «Buen provecho». En ese instante me tranquilicé, porque en mi imaginación decía: «¿Quieres ser mi novia?». Y mi mente estaba a mil por hora pensando qué respuesta le daría.
En un impulso, en medio de nuestra conversación, le pregunté por qué me había mandado el ramo. Me contestó: «Ahí está tu respuesta», refiriéndose a lo que decía el ramo. Salimos del café, y aunque estaba en shock, me pidió que le diera una oportunidad. Le expliqué que no me sentía lista para una relación, ya que siempre lo había visto como un amigo. Aceptó esperar y sugirió seguir saliendo para conocernos mejor. Así lo hicimos.
Un mes después, en otra cita sorpresa, se arrodilló frente a mí con una caja en forma de corazón y un pisapapeles en forma de rosa y me pidió ser su novia. Acepté, y desde entonces, han pasado seis maravillosos años juntos.
Recuerdo que, al poco tiempo de comenzar nuestra relación, me dijo que quería que yo fuera la madre de sus hijos. Me sorprendió su seguridad, me tomó desprevenida y lo tomé a la ligera.
El año pasado, nuestras conversaciones giraban en torno a cómo imaginábamos nuestra boda. Un día, me pidió la talla de anillo y yo sin pensarlo respondí que no sabía. Luego, en diciembre, durante una salida a una plaza comercial, me sugirió que fuéramos a una joyería a averiguarlo. En esa salida me comentó que quería que tuviéramos una sesión fotográfica navideña. Me diría más adelante porque se tenía que poner de acuerdo con el fotógrafo para coincidir en los tiempos.

Finalmente llegó el día de la sesión fotográfica, el 27 de diciembre. Esa noche con un aire frío cargado de magia, quién iba a decir que sería una noche inolvidable. En nuestra ciudad decoran el centro histórico con luces brillantes alusivas a la Navidad, estuvimos en la sesión fotográfica navideña utilizando la arquitectura del mismo. Y unos minutos cerca de la medianoche nos dirigimos hacia donde está el árbol grande de Navidad.
Ahí el fotógrafo me dijo «ponte aquí y a la cuenta de tres volteas hacia donde está Víctor». Cuando voltee estaba arrodillado con un anillo en la mano, preguntándome si quería casarme con él. No respondí de inmediato «sí». Lloré de emoción y con un abrazo lleno de amor y un beso sellé ese momento que jamás olvidaré.
Aún bromea diciendo que solo lloré y que nunca le respondí, que sigue esperando la respuesta. Ambos sabemos que nuestros corazones entendieron perfectamente que fue un «sí, acepto compartir una vida a tu lado».
Hoy puedo afirmar que nuestra amistad ha evolucionado a lo largo de los años, transformándose en un amor profundo y sincero. Cada paso que dimos juntos, cada risa, cada lágrima, cada instante compartido, se ha tejido en la hermosa historia que somos. Sin duda la mejor de todas las historias.
Me encanta que la amistad pueda transformarse en un dulce amor. Porque cuando hallas a alguien que conoce todo de ti y decide que quiere caminar a tu lado como tu compañero de vida, el compromiso celebra todo lo que han sido y lo que está por venir. ¡Les deseamos que sean muy felices!
Y recuerda, si tienes una mesa de regalos en Sears, tú también puedes compartir tu historia de boda y participar para ganar un monedero de $25,000 MXN. ¡No pierdas esta oportunidad y únete a #AplausoParaElAmor!

