Comenzó en un lugar cotidiano, entre pasillos y miradas discretas, donde dos caminos se cruzaron sin saber que estaban marcando el inicio de algo más grande. No hubo promesas ni certezas, solo una conexión genuina que quedó suspendida en el tiempo, esperando el momento justo para volver a aparecer.
Un amor que supo esperar, que avanzó con decisión y que se construyó a partir de detalles, sensibilidad y la certeza de que cuando algo es verdadero, siempre encuentra el camino de regreso.
¿Quieres conocer su historia?

La historia de Juan y Geraldi
Hay historias que no comienzan con un beso ni con una gran declaración. Algunas empiezan con miradas tímidas entre pasillos, con coincidencias pequeñas, silenciosas, que parecen insignificantes hasta que el tiempo les da sentido. La nuestra comenzó así, en 2019, en el área de CD’s de Sears del Centro de Veracruz.
Él trabajaba ahí, siempre amable, tímido y concentrado en ayudar a cada cliente. Yo iba “buscando” discos de Taylor Swift, pero lo que realmente buscaba era un instante para cruzarme con él. Conversábamos poco, apenas lo suficiente para que algo en mí se quedara pensando en él incluso después de salir de la tienda. Me llamaba la atención su esencia: esa presencia tranquila que no buscaba impresionar, solo ser.
Lo agregué a Facebook —mi cuenta familiar que casi no usaba—, con la ilusión de que eso fuera un inicio. Pero entonces llegó la pandemia, y así como cerraron tiendas y ciudades, también se cerró esa pequeña conexión. Perdimos el rastro. No hubo despedida ni final, solo un silencio obligado.
Pero cuando el destino todavía tiene algo por escribir, siempre vuelve a abrir el libro. Y nosotros nos reencontramos en diciembre de 2024.
Bastó un mensaje, un recuerdo compartido, para que todo volviera a tomar vida. Recordamos 2019, los CD’s, las miradas, lo que no fue… y lo que, sin saberlo, estaba destinado a ser. Esta vez no hubo timidez ni pausas: nuestra historia avanzó con la seguridad de quienes, después de haberse encontrado una vez, no piensan volver a perderse.
Desde entonces, él ha sido todo lo que alguna vez soñé sin decirlo:
el hombre que me hace sentir la protagonista de mi propia película.
Atento, amoroso, lleno de detalles. Me pidió ser su novia recreando un video de Taylor Swift, porque sabía que para mí la música es un puente emocional, un lenguaje que guarda memorias.
Y luego llegó el día que selló nuestro destino.
Fuimos a Orizaba, un Pueblo Mágico que parecía esperar por nosotros. Visitamos museos, caminamos sin prisa, y aunque él tenía un plan hermoso —pedirme matrimonio en Casas Vega, disfrazados de caballero y princesa—, encontramos el lugar cerrado al llegar. Ese contratiempo, lejos de arruinar el momento, lo guió hacia algo aún más especial.
Seguimos caminando entre nidos de dragones y dinosaurios, escenarios fantásticos que parecían sacados de un cuento que solo nosotros entendíamos. Caminábamos como si estuviéramos atravesando otros mundos para llegar a uno nuestro. Y en una fuente preciosa, iluminada por la tarde, él se detuvo.
Con los nervios latiéndole en la voz me dijo:
“Crucé dragones y dinosaurios para pedirle a la princesa si se quiere casar conmigo.”
Se arrodilló. Y justo en ese momento, como si la naturaleza hubiera decidido celebrar con nosotros, inició una tormenta perfecta. Una lluvia intensa, inesperada, cayó sobre nosotros. En vez de correr, reímos. Reímos bajo la lluvia como si estuviéramos en una escena escrita exclusivamente para nosotros.
Ese instante me enseñó que nuestro amor es así: inevitable, resiliente y profundamente nuestro. Una historia que comenzó antes de que lo supiéramos y que encontró su camino incluso después de la distancia, del tiempo y del silencio.
Hoy la cuento porque creo que el amor verdadero merece ser compartido y celebrado. Porque algunas historias están destinadas a regresar.

Lo que comenzó como un cruce discreto entre pasillos se transformó en una promesa compartida. Una historia que entendió que el tiempo no separa lo que está destinado a unirse, y que el amor verdadero no se pierde: se reconoce, se elige y se celebra cuando por fin encuentra su lugar.
¡No te quedes fuera!, si tienes una mesa de regalos en Sears, tú también puedes compartir tu historia de boda y participar para ganar un monedero de $25,000 MXN. ¡No pierdas esta oportunidad y únete a #AplausoParaElAmor!

