Desde el inicio de su vida en pareja, ambos compartían el deseo profundo de convertirse en padres. Aunque el camino no siempre fue sencillo, mantuvieron viva la ilusión de formar una familia, aun cuando la vida los enfrentó a momentos que pusieron a prueba su fortaleza emocional y su fe.
Lo que vivieron después no solo marcó un antes y un después en su historia, sino que reveló la fuerza de un amor que supo resistir, sanar y abrirse paso incluso en los instantes más frágiles. Es en ese cruce de emociones, pérdida y renacimiento donde nace este relato.
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La historia de Luis Enrique
Hace un año comenzó una historia de amor increíble entre Carolina y yo. Desde el principio sabíamos que queríamos formar una familia, y siempre decíamos que al cumplir un año de casados empezaríamos a buscar a nuestro bebé.
En marzo de este año, vivimos uno de los momentos más difíciles de nuestras vidas. La hermanita de Carolina, un año menor que ella, quien padecía retraso mental y autismo, falleció a los 30 años. Para mi esposa fue un dolor inmenso, y para toda la familia una pérdida muy grande. Verla pasar por ese proceso fue muy duro. Cayó en una depresión y hubo días en los que incluso pensó en dejar de trabajar.
Con el paso del tiempo, decidimos planear un viaje para nuestro aniversario, el 3 de agosto, y regresar al lugar donde fue nuestra luna de miel: Colombia. Queríamos reconectar, sanar y celebrar el amor que Dios nos ha permitido vivir.
Y fue justo ahí, en medio de ese viaje tan especial, cuando notamos que algo era diferente… Carolina no había tenido su periodo. Decidimos hacer una prueba de embarazo, y salió positiva. No podíamos creerlo. Justo un año después de habernos casado, celebrando nuestro amor, Dios nos dio la noticia más hermosa: ¡íbamos a ser papás!
Dicen que después de una gran pérdida siempre llega una gran bendición, y hoy entendemos que los planes de Dios son perfectos. Este bebé no llega para reemplazar a nadie, sino como una muestra del amor y la fidelidad de Dios, que sana, consuela y da nueva vida.
Este año 2026 esperamos con todo nuestro corazón la llegada de nuestro bebé en el mes de abril. Crecerá sabiendo que tuvo una tía muy especial, una luz en la vida de todos, y que antes de conocerla ya la amaba.
Y así, con el corazón abierto y la mirada puesta en lo que viene, se preparan para recibir la mayor alegría de sus vidas: una vida nueva que llega como promesa, como respuesta y como el recordatorio más puro de que el amor siempre encuentra su camino.
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