Una coincidencia puede terminar convirtiéndose en una historia de amor, ¿o será el destino haciendo de las suyas? Y es que el amor puede estar en cualquier parte, incluso escondido en un compañero de trabajo.
Entre pendientes, correos y juntas eternas, esta pareja descubrió que entre ellos existía algo más que afinidad laboral: una conexión genuina que no puede ocultarse por mucho tiempo. ¡Me encanta darles un #AplausoParaElAmor!
¿Me acompañas a descubrir su historia?

La historia de Carolina
El amor no siempre llega con flores ni promesas. A veces llega entre currículos, reuniones y una agenda llena de pendientes.
Cuando me promovieron como supervisora en Ramos Arizpe, estaba decidida a dar lo mejor de mí. Me asignaron para un proyecto de reclutamiento enorme, y para apoyarme, enviaron a Ángel desde San Luis. Nos conocíamos virtualmente en jutas pero nunca presencialmente. Él era experto, metódico, y aunque al principio parecía demasiado serio, pronto descubrí en él una nobleza y una calma que me hacían bien.
Trabajamos codo a codo durante semanas, revisando cientos de currículos, afinando procesos, tomando decisiones rápidas. Pero lo que no fue rápido fue cómo empezó a crecer algo más entre nosotros. Cada vez que Ángel viajaba de San Luis a Ramos, nuestras charlas eran más personales, más profundas. Y cuando él regresaba a su ciudad, nos escribíamos, nos llamábamos, y curiosamente, nos sentíamos más cerca que nunca.
Esos kilómetros entre nosotros, en vez de alejarnos, nos unieron. Cada viaje de Ángel era un recordatorio de cuánto queríamos vernos, de lo bien que nos hacíamos el uno al otro.
Con el tiempo, decidimos dar ese paso y comenzar una relación. Pero había un obstáculo: Ángel ya formaba parte de mi equipo. Yo era su jefa. Y aunque intentamos seguir adelante con cuidado, muchos obstáculos se atravesaban. Los rumores empezaban, los juicios se hacían visibles. Sabíamos que algo tan bonito no debía vivirse a escondidas ni entre reglas.
Así que él tomó la decisión de renunciar al trabajo, pero no a mí. Regresó a San Luis. Y unos meses después, yo lo seguí.
Nuestro trabajo consiste en elecciones en un mar de gente y cambios de vida para muchos. Pero esta vez, elegimos y decidimos cambiar nuestra vida para siempre, lejos del organigrama, lejos de los roles y de vivir un amor prohibido. Nos elegimos, entre un mar de gente, como compañeros de vida. Y dos años después, nos casamos.
Hoy miro atrás y sonrío. Porque el trabajo nos presentó… pero el amor fue quien nos reclutó, para siempre.
Esta historia es un recordatorio de que el amor puede encontrarse hasta en los lugares más cotidianos. Quizás el amor esté escondido en alguien con quien has coincidido antes, pero no has conocido a fondo. ¡Me encantan este tipo de historias!
Si tienes una mesa de regalos en Sears, tú también puedes compartir tu historia de boda y participar para ganar un monedero de $25,000 MXN. ¡No pierdas esta oportunidad y únete a #AplausoParaElAmor!


